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Los tratamientos anticelulíticos apuntan a los tejidos infiltrados, a regenerar la trama fibrilar para reordenarla e intentar que vuelva a su estado normal. Es decir, a eliminar ese líquido gelatinoso, más bien a que sea líquido otra vez, tratando de que los nódulos se ablanden, para que las fibras vuelvan a su estado natural. La buena oxigenación es fundamental, además de la eliminación de toxinas por vía de la circulación venosa y linfática, para que los capilares comiencen a liberarse y cumplan nuevamente con sus funciones de nutrir y desintoxicar.
Además de la lipoescultura láser, hay más tratamientos que logran combatir la apariencia de la celulitis:
Masoterapia: masajes manuales con principios activos que actúan sobre los tres elementos involucrados en el desarrollo de la celulitis: la microcirculación, el tejido graso y el tejido conjuntivo.
Drenaje linfático manual: consiste en maniobras suaves, que tienen un efecto de limpieza y nutrición de los tejidos, eliminando las toxinas por la vía linfática.
Vendas con lociones y geles fríos: enmascarados con algas y barro termal producen un efecto térmico que ayuda a la descongestión y penetración de los principios activos.
Radiofrecuencia: son ondas electromagnéticas que producen calor controlado en los tejidos, lo cual genera la producción de fibras de colágeno, estimula los fibroblastos y la contracción de las fibras existentes.
Electroporación: también llamada mesoterapia virtual o sin agujas, favorece la introducción de principios activos liposomados de forma localizada, mediante la apertura de microporos transitorios de la membrana celular.
Estos tratamientos no son dolorosos, no son invasivos ni producen estrés. Tampoco generan marca o lesión. La cantidad de sesiones está condicionada al cuadro de celulitis existente y a la respuesta corporal de cada paciente.
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